Todo comienza con un movimiento dulce, suave, casi hasta inocente de mis labios recorriendo tu sexo.
Lo saboreo, lo exploro, los rozo, juego con mi lengua y con mi dedos buscando ese punto en que consigo encender poco a poco el fuego que encierras dentro, despertando esos demonios que te arrastran a su pequeño y delicioso infierno del pecado, del placer desenfrenado, ese en el que uno a uno activo el epicentro de tus orgasmos, esos que desencadenan terremotos que recorren tu cuerpo y ahogan los gemidos de tu garganta.
¿Crees que podrás soportarlo? Porque yo lo estoy deseando.

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