Hubo un tiempo en el que cada uno de nuestros encuentros se prepararon y se llevaron a cabo por y para nuestro placer: da igual que fuera una mañana o una noche, una hora o varias, habíamos excitado previamente nuestro deseo, habíamos confesado fantasías y compartido momentos en la distancia en los que en unas ocasiones exhibíamos nuestros cuerpos y en otras desnudábamos nuestras mentes, regalándonos orgasmos en actos preparatorios en los que añorábamos esas sensaciones de piel, de lenguas, de humedad, de olores y sabor a sexo que nos embriagaba cuando estábamos encerrados juntos entre 4 paredes.

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