Y descubrimos que el verdadero pecado es no pecar, que el verdadero destino está en nosotros, que el verdadero fin comienza en nuestro encuentro, que el verdadero placer se mezcla con el dolor, que el verdadero deseo nace de la entrega, que el verdadero nosotros es juntos, que mi verdadero yo no existe sin ti.

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