“¿Te apetece un café? Sube a casa?
Apenas me habló al traspasar la puerta: me besó, me cogió de la mano y me condujo a la cocina, me volvió a besar y mientras me comenzaba a desabrochar con urgencia el cinturón de mis pantalones acercó sus labios a mi oreja, mordió juguetona el lóbulo y susurró “me he despertado soñando con esto, me he masturbado pensando en este momento y sigo muriendo de ganas de tenerte en mi boca”.

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