Tras varios meses sin saber nada el uno del otro me llegó uno de esos mensajes que te remueven el poso de barro que tienes en el corazón y te consigue enturbiar el alma y la sensibilidad de la piel: “esto nos quedó por probar, yo entre tus piernas y una caricia tuya eterna y lubricada por mis pezones, ¿hasta donde crees que me habrías conseguido llevar?”
Nunca lo sabremos, aunque ella estaba segura del final.
De mis fantasías. O quizás de algún recuerdo.

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