-“Mastúrbate para mi”
La primera vez que me lo pidió me sorprendió un poco. Ella solo quería mirar, así que se acomodó y observó atentamente.
Y yo me masturbé despacio, usando un poco de lubricante y explorando el placer que podía arrancar con cada uno de mis movimientos.
Acaricié mi glande, jadeé, aceleré, frené, gocé, eyaculé y gemí con la morbosa visión de sus ojos clavados en mi.
Y confieso que al igual que me gusta ser espectador, también me gusta ser observado.
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