Lleva hoy tú las riendas…

Lléname de placer con tu lengua y tu mirada…

Arráncame los gemidos que tanto te gustan…

Hazme retorcerme hasta que te ruegue que pares o que termines definitivamente… 

Y tortúrame parando, mirándome a los ojos con tu mirada pícara, manteniéndome en deliciosa tensión y arrancando de nuevo, suavemente, llevando las riendas, sabedora de la tremenda hipersensibilidad de mi glande…