Lléname de placer con tu lengua y tu mirada…
Arráncame los gemidos que tanto te gustan…
Hazme retorcerme hasta que te ruegue que pares o que termines definitivamente…
Y tortúrame parando, mirándome a los ojos con tu mirada pícara, manteniéndome en deliciosa tensión y arrancando de nuevo, suavemente, llevando las riendas, sabedora de la tremenda hipersensibilidad de mi glande…
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